En defensa del libro
¿De
qué sirve enseñar a leer a nuestros niños, si no se les proporcionan
facilidades para adquirir libros? Las llaves de los conocimientos son inútiles
para quien no tiene a su alcance el libro que ha de abrir con ellas.
Domingo
Faustino Sarmiento
En octubre este blog cumple el
primer año. La razón de que se llame Entre
libros tiene que ver con la idea de algunos internautas, entre ellos
libreros, de que la desaparición del libro es inminente. He intentado responder
con este blog sobre la necesidad de los libros en la vida humana, pues sin
libros, en definitiva ésta se volvería, además de mecánica, algo que tiene que
ver con estados más primitivos del ser humano, aunque no nos demos cuenta.
Esto que comento el día de hoy, y que expuse brevemente en
el primer texto que compartí con ustedes, me lo viene a confirmar un libro que
compré recientemente en Xalapa, Veracruz, Elogio
y defensa del libro de Ernesto de la Torre Villar, publicado por la
Dirección General de Publicaciones de la UNAM en 1977 y reeditado por su
importancia en los años 1990 y 1999.
En este libro acompañamos al profesor De la Torre a diversos
momentos en que el libro sufrió descalabros en Latinoamérica. Por un lado, en
México en el año de 1975 se intentó controlar qué se publicaba y cuánta
importación debía haber. Esto en perjuicio de una comunicación amplia de ideas
provenientes del extranjero y que estuvieran en diálogo con los mexicanos. José
de la Colina, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, entre otros, firmaron una petición
para echar atrás tal medida restrictiva. Interesante es que dicha medida haya
emergido no del gobierno sino de libreros que intentaban cerrarle el paso a
editoriales extranjeras con el fin de obtener mayores ganancias en el país.
Un segundo momento que nos comparte De la Torre Villar es
cuando durante el siglo XIX José María Luis Mora, José Joaquín Fernández de
Lizardi y Domingo Faustino Sarmiento, junto con Andrés Bello, en sus
respectivas latitudes promovieron el libro e intentaron que éste llegara a las
clases más desfavorecidas, pues eso nos iba a llevar a tener un pueblo
culturalmente fortalecido, independiente, un desenvolvimiento de la
inteligencia que nos llevarían más cerca de los ideales de la República. Su mirada,
sobre todo, estaba puesta en dos aspectos: la difusión de las bibliotecas y la
traducción de los libros que eran inaccesibles para que fuera accesible en
todos los sectores sociales.
En México, estos dos aspectos empezarían a alcanzarse en el siglo
XX con José Vasconcelos, aunque de ninguna manera se ha llegado a la meta,
cuando no sólo hay bibliotecas insuficientes sino escuelas, y los niños todavía
tienen que desplazarse de comunidades alejadas para tener la posibilidad de
estudiar. En ese sentido es ignominiosa la manera en que los políticos reparten
los recursos destinados a educación, de por sí pocos, y que, como en el caso
del exgobernador de Tabasco, terminan en cuentas particulares ignorando las
necesidades culturales de su pueblo.
Otro aspecto del que habla el maestro De la Torre es
jurisprudencialmente admirable, pues, a diferencia de lo que ocurre con algunas
repúblicas en la actualidad, los reyes católicos, Fernando e Isabel, impidieron
que se les gravara cualquier tipo de impuesto a los libros porque eso “es
provecho universal de todos y en ennoblecimiento de nuestros Reynos”. De manera que una persona que ama a su patria
intentará que los integrantes de ésta se desarrollen de la mejor manera
posible, no sólo para que tenga mejores posibilidades económicas, sino porque
la educación a través de los libros posee una fuerza transformadora social. Las
letras, las artes y las ciencias forman a los individuos en carácter, en
conciencia y como personas útiles a su sociedad.
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