jueves, 12 de septiembre de 2013

La teoría del cuento de Edgar Allan Poe



Para mis alumnos de Casa Lamm

A partir del Romanticismo, pero, sobre todo, a partir de las reflexiones poéticas de Edgar Allan Poe la manera en que el escritor concibe la composición de sus cuentos cambió. Ya no se trata de componer una buena historia, incluyendo algunas técnicas literarias, sino del efecto que el cuento puede provocar en el lector. Este efecto, descrito por Poe como la “unidad de impresión”, tiene algunas cláusulas: debe leerse en no más de dos horas y en no menos de treinta minutos; cada elemento incorporado al interior de un cuento debe pensarse en términos del efecto que deje en el lector; se ha de establecer, antes de escribirse, el tono que seguirá el relato; la trama ha de ajustarse al tono y al efecto y se debe elegir un eje sobre el cual gire la estructura de la historia.

         Esta manera racional de escribir, retomada en su momento por Jorge Luis Borges tanto para ratificarla (1964) como para negarla (1982), es el disgusto de muchos escritores y editores en la actualidad. “Ya no te van a publicar si escribes siguiendo la teoría de Poe porque está muy usada”, he escuchado decir en varias ocasiones. Añaden que esto se debe al final sorpresivo propuesto por el autor de El principio poético. Sin embargo, al leer sus reflexiones no encuentro dicha propuesta. Encuentro, sí, que él aborrecía los efectos sorpresivos puestos de manera azarosa, sin pensar en el efecto que, de manera íntegra, un texto tuviera sobre el lector.

         Medito entonces que quienes hacen este tipo de comentarios desconocen la teoría de Poe porque, además de lo que brevemente expuse en el primer párrafo, dicha teoría ha sido retomada por autores que se consideran íconos del cuento moderno: Anton Chéjov, Horacio Quiroga, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges y, más recientemente, Roberto Bolaño y Ricardo Piglia.

         A pesar de lo dicho, la teoría de Edgar Allan Poe no es novedosa. Se basa, considerablemente, en la Poética de Aristóteles. La regla aristotélica de las tres unidades (de acción, tiempo y lugar) las reduce a la “unidad de impresión”; retoma las ideas del estagirita acerca de que la impresión de un texto debe denotar belleza, pasión y verdad; establece que la brevedad debe ser acorde al efecto; considera que cada elemento incorporado en un relato, desde una letra hasta cada parte de la trama, se enlazará pensado en que el lector pueda percibir el tono del texto y la intención del autor al escribirlo, entre otras.

La innovación de Poe, en tal caso, al retomar estos elementos, y pasarlos por un colador, es darle dinamismo a la creación. Desde dónde crear y para quién crear parece preguntarse. La sociedad que rodeaba a Poe no era la misma que rodeaba a Aristóteles, y si retoma aspectos de la Poética para construir una nueva poética también recoge elementos de los creadores que están a su alrededor para crear, tanto positivos como negativos: “cómo me aburren las descripciones innecesariamente largas y sentimentaloides”, sugieren sus opiniones (a la manera en que Chejov se lo dijo a su hermano), “el poema que acabo de citar es especialmente hermoso, pero la elevación poética que induce hemos de referirla principalmente a nuestra simpatía por el entusiasmo del poeta”, reflexiona para aprovechar, como escritor, los aciertos y errores de otros poetas en El principio poético, pero es sobre todo en La filosofía de la composición en donde vemos su desgranaje literario:


Hace algún tiempo hice un análisis del mecanismo de la composición de “Barnaby Rudge”, y Charles Dickens, refiriéndose a este análisis en una nota que ahora tengo ante mí, dice: “Entre paréntesis, ¿se ha dado usted cuenta de que Godwin escribió su Caleb Williams al revés? Comenzó su obra creando una situación llena de dificultades a su héroe: este episodio forma el segundo volumen; y luego, en el primero, inventa algún modo de explicar lo que ha hecho.
No creo que este haya sido exactamente el procedimiento empleado por Godwin, y, en verdad, lo que él mismo reconoce no concuerda del todo con la idea que sobre el particular se ha formado Mr. Dickens; empero, el autor de Caleb Williams era un artista en toda la acepción de la palabra, y, por lo tanto, no podía dejar de notar las ventajas que tal sistema, aunque sólo fuese parecido, pudiera reportarle.


Dejando al margen que Godwin era amigo de Poe y sin interesarnos por el momento si este autor podía notar las ventajas que dicho sistema pudiera reportarle, lo que queda claro es que Poe sí las notaba: por un lado, escribir primero el conflicto de un personaje y después el inicio ayuda a gradar las acciones en las que se mete a su héroe (así compuso El cuervo); por el otro, supongamos que el texto quede así, se parte del conflicto y se desenvuelve hasta llegar al desarrollo y desenlace de un relato, este es el sistema que sigue Poe en “El tonel de amontillado”, el narrador cuenta su historia cincuenta años después de ocurrida a partir del conflicto que le causa otro personaje y desenvuelve con ironía y grandeza las acciones que llevarán al cumplimiento de la inmolación de Fortunato.

 La teoría de Poe sigue teniendo tal vigencia que no podemos leer a Poe sin admiración y como uno de los grandes maestros que en materia literaria ha dado el mundo. De ahí que mi recomendación para las nuevas generaciones es que lean a Poe, que lo lean y, como hubiera recomendado Aristóteles, que lo imiten. Es posible que en esa imitación encuentren el esplendor de sus propias letras.




3 comentarios:

  1. El cuento, aunque parezca, no es fácil de manejar. Los tiempos en el cuento deben ser precisos y no se debe meter tanto lastre. No por aquello que, de tanto decirlo, se ha vuelto un lugar común, eso de que "La novela por punto y el cuento por nocau" eso ya esta como mandado a recoger porque el cuento ha sufrido muchas modificaciones a medida que la sociedad cambia y se transforma

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    1. Estoy de acuerdo contigo, Francisco. El cuento es difícil de manejar, sobre todo cuando han pasado tantos buenos escritores desde Poe, que han matizado o modificado sus teorías. No obstante, empezar a escribir un cuento con la teoría de Poe es mucho más difícil, por ejemplo, que usar o abusar de la imaginación, porque un buen cuento necesita de la inteligencia, del conocimiento de recursos literarios y de la pericia del escritor y eso sólo se da con estudio, tiempo, mucho trabajo y disciplina.

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  2. Genios se necesitan para lograr buenos cuentos. Los terrícolas hacemos el intento...

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