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De la lectura/Parte 3

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El sentido de un texto es sentido para una conciencia. Octavi Fullat Es posible que en la actualidad, con el uso de los avances tecnológicos por parte de las sociedades, a algunos nos parezca accesible y común la posibilidad de leer en cualquier momento y, precisamente por esta facilidad, miremos como algo extraño el que todavía haya regiones donde no se practique de modo habitual; es más, donde no se practique. En México todavía existen regiones donde ni siquiera se ha desarrollado la capacidad de leer y de escribir en sus habitantes. Esta incapacidad incide ciertamente en el tipo de sociedad que se conforma. No es lo mismo un pueblo lector que un pueblo no-lector. Así lo supieron los griegos cuando, popularizada ya la escuela hacia los siglos V al III a. C., a la entrada de cada ciudad levantaban estelas con inscripciones semejantes a ésta de Eleusis, fechada a mediados del siglo IV a. C.: el estratega tiene la obligación de “atender a la educación de los muchachos de la com...

De la lectura/Parte 2

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Se tiene un artista cuando uno es instruido. Edda Bresciani Es difícil para nosotros, “primitivos de una nueva era” [1] , mirar a las sociedades antiguas en su complejo entramado social, cultural, económico, político y tradicional, porque intentamos encasillarlas a lo que nosotros creemos que vivieron. Nuestra mirada siempre será fragmentaria e incompleta. Sin embargo, es innegable que son sociedades menos primitivas de lo que pensamos, más cercanas a nosotros tal vez. Antes de Grecia, en Egipto la literatura tenía fines prácticos claros: educar en Egipto, según los vestigios más antiguos que actualmente se tienen descifrados, significaba transmitir el arte de la palabra; enseñar una sabiduría ético-conductiva para un hijo (que puede tener una significación literal: padre-hijo; o simbólica: maestro-discípulo), para la formación de la vida política y el ejercicio del poder, en el caso de los nobles; o en la necesaria continuidad de la transmisión educativa de generación en gen...

De la lectura/Parte 1

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Que la lectura de las obras literarias no sirve para nada, que se lea solamente por el placer que proporciona y que éste sea un valor indiscutible e intrínseco de la literatura defendido apasionadamente por algunos lectores y escritores en los últimos años me ha llevado a reflexionar sobre lo discutible de dicha afirmación, porque si la lectura se consume solamente por placer ( gratia sui , como menciona Umberto Eco en su ensayo “Las funciones de la literatura”, en Sobre la literatura publicado por Random House Mondadori) el ámbito de lo que consideramos literario tendría que reducirse. Esta forma disminuida de mirar al arte literario me recuerda a la “filosofía televisiva” que tuvo Emilio Azcárraga Milmo (1939-1997). Tal idea la expresó claramente el empresario en la década de los ochenta, cuando varios periodistas lo criticaron por la falta de la calidad en los programas de televisión que su empresa transmitía (y transmite) y la carencia de fines educativos, formadores, hacia e...

Qué leer y por qué leer a los modernos

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Desde hace un par de décadas algunos escritores han destacado la importancia de leer a los autores clásicos, y basan sus argumentos, particularmente, en los libros que sobre el tema escribieron Italo Calvino y Harold Bloom. En la mente de Bloom, más que en la de Calvino, leer a un clásico equivale a leer a un autor canónico; es decir, a un autor que por su estética y por su perduración en el tiempo se vuelve imprescindible en la historia de la literatura.          Desafortunadamente esta idea de Bloom sobre el arte literario como un ideal canónico ha repercutido negativamente en algunos lectores que han dejado de leer a sus contemporáneos a los cuales, sin leerlos, estigmatizan como nefasta y trivial lectura. “No quiero perder mi tiempo”, he escuchado decir a lectores ávidos que se refugian en lo canónico desde hace muchos lustros y dejan pasar a escritores de la talla de Günter Grass, César Aira, José Saramago, Sergio Pitol e, incluso, a aut...

Memoria de la ausencia

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  Fonseca era una ausencia. Una ausencia doble. La de aquellos años en que estuvo sin estar y la de los años posteriores en que faltó definitivamente. Eso era Fonseca. Javier Núñez. La doble ausencia.   La Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en México ya no es como la recuerdo hace quince años, tal vez porque los recuerdos son figuraciones falsas, algo que queremos asir pero que se escapa como aquellas personas con las que convivimos en nuestro pasado. La recuerdo con novedades de editoriales que difícilmente se encontrarían en librerías (como los libros de editorial Progreso, ausente desde hace muchos años en esta feria), había menos gente, no las oleadas de personas que hacen ahora difícil el acceso por los pasillos y las escaleras, y se sucedían presentaciones de libros que eran un hallazgo placentero para el lector. Por fortuna, este último punto no siento que haya cambiado. El pasado 3 de marzo el escritor Godofredo Olivares presentó e...

El suicidio de una mariposa: Isaí Moreno

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  Mariposa no sólo no cobarde, mas temeraria, fatalmente   ciega. Góngora Sólo una cosa no hay. Es el olvido. Jorge Luis Borges   En literatura, la metáfora de la mariposa que se suicida quemada por la luz de una vela ha sido ocupada por diversos escritores: Petrarca, Lope de Vega, Cervantes, Santa Teresa, entre otros. El escritor mexicano Isaí Moreno recoge este tópico poético para transformarlo en una novela donde la luz representada por el personaje Antonino terminará quemando a Saúl, un malviviente de la “fantástica” Ciudad del Valle.          Ciudad del Valle es un lugar de ficción que tiene sus espejos sobre todo en ciertas regiones al norte de la Ciudad de México como Ecatepec, Ciudad Azteca Aragón, donde la violencia es el único libro en la estantería de la omitida biblioteca que los gobiernos de las delegaciones y municipios han permitido colocar. Violencia que es alentada por publicaciones...

Leer poesía

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Hacia fines del siglo pasado el número de lectores de poemas disminuyó, esto a pesar de que, a mi juicio, el número de personas que los escriben no ha descendido. Podemos observar la necesidad de los escritores por dar a conocer sus poemas a través de diversos soportes, electrónicos o impresos, bajo formas clásicas o con el rigor de la moderna desestructura.          En la década que corre leer poesía para muchas personas es sinónimo de cursilería, aburrimiento, algo excelso e, incluso, inentendible. Al parecer se llega a tener esta percepción por las mismas razones que Johannes Pfeiffer refiere en su breve libro La poesía : Los dos grandes peligros en la creación poética son el diletantismo y el esteticismo; al primero sólo le importa el sentido de lo que desea expresar y descuida la forma, y el segundo se mueve en la construcción de estructuras originales, clásicas, bellas y descuida el sentido de su expresión.     ...